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1 de diciembre de 2013

¿TANTO LES CUESTA ACEPTAR LA GRACIA DE DIOS?

Mercedes Reátegui Yesquén
"Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo." (1 Corintios 15:10).

Introducción 

Hermosas palabras con las que el apóstol Pablo da toda la gloria a Dios reconociendo humildemente que es por la gracia de Dios que él ha podido realizar todo lo que ha hecho durante su ministerio. ¡Qué bueno sería que todos los cristianos pensaran de esta manera! No obstante, y aunque es triste admitirlo, algunos retrocedieron en su fe y han caído en el error de volver a confiar en su propia justicia, olvidando que su salvación y todo privilegio que  pueden gozar ahora mismo es por obra y gracia de Dios y no por mérito propio alguno. 

El propósito principal de la gracia de Dios 

Quizás se piense que es innecesario repetir lo que ya se sabe pero consideramos necesario refrendar las verdades básicas del evangelio para que “estén confirmados en la verdad” (1 Pedro 1:12), “porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11). Y esta manifestación se hizo evidente en la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios quien vino para salvar a la humanidad de sus pecados, para librarlos de una vida vacía y sin sentido, y rescatarlos de la ira de Dios y del castigo eterno que merecían. 

“La ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:17-18). Es por Jesús que conocemos cómo es Dios y qué demanda de nosotros. Esto lo sabemos muy bien los convertidos a Cristo y no podemos olvidar nunca que la conversión es apenas el inicio de una nueva vida, el primer gran paso de un largo camino donde se ha de crecer espiritualmente de manera sostenida, guiados y provistos por la gracia de Dios. 

Provisiones de la gracia de Dios

Desde el momento de su conversión el cristiano es revestido del poder del Espíritu Santo para llevar una vida libre del poder del pecado y así vivir una vida santa y agradable ante los ojos de Dios. “Porque el pecado no se enseñoreará de ustedes; pues no están bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:14).

Imagen: Viirtus
Desde entonces la fe, el amor, la paz, el gozo y la esperanza vienen a ocupar en el corazón el lugar que antes estaba invadido por elementos egoístas y destructivos. Y en su soberana gracia Dios provee también su cuidado y protección, suple las necesidades y está con nosotros todos los días por medio de la presencia y dirección del Espíritu Santo. Asimismo ha dado dones para que podamos servirle en el ministerio y ha proporcionado los recursos necesarios para el trabajo en su iglesia. “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17).

Una de las más grandes bendiciones que tiene el cristiano es poder hablar directamente con su Padre celestial. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). Tristemente este es uno de los aspectos más descuidados por los creyentes.

Dios también bendice a sus hijos por medio de las personas. Por eso debemos con gratitud recibir el amor y la ayuda de nuestros hermanos en la fe porque es el Señor quien los envía. Aprendamos a aceptar la gracia de Dios a través de otros cristianos que procuran nuestro bienestar. Sería imposible hacer una lista detallada de todas bendiciones que Dios nos da y tampoco es el propósito de este escrito. Lo que sí podemos asegurar es que cada día sin merecerlo disfrutamos de ellas. “Los efectos de la gracia en nosotros son maravillosos y completos, hasta el punto que se puede decir que la gracia es el mismo Señor actuando para nuestra salvación”. [1]  

El problema de la autosuficiencia

Y aunque el tema de la gracia de Dios impregna las Escrituras, de principio a fin, lamentablemente esta verdad es pasada por alto por algunos cristianos distraídos y autosuficientes que han descuidado su relación con Dios. Lo sucedido en un aula de clases de un seminario bíblico ilustra perfectamente lo que estamos diciendo. 

Se había generado un debate acerca de quién había tomado la iniciativa en nuestra salvación, a lo cual algunos estudiantes manifestaban que habían sido ellos los que habían tomado la iniciativa para llegar a ser cristianos, ante lo cual el veterano profesor preguntó algo ofuscado:     
-“¿Tanto les cuesta aceptar la gracia de Dios?”
El silencio de los estudiantes dio por terminada la discusión. 

Por lo que evidencia la manera de vivir de algunos cristianos es obvio que aún no han aceptado la gracia de Dios para con ellos, corriendo con ello el riesgo de desviarse de la verdad. Es importe que meditemos cómo estamos andando y cuidemos, además, de no estar cayendo de la gracia de Dios como hicieron los gálatas, que yendo en pos de falsos maestros pervirtieron el evangelio de Jesucristo: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4).

Que no seamos hallados viviendo conformes y satisfechos en la comodidad de una improductiva tibieza espiritual o, peor aún, desligados de Cristo en la práctica. “El crecimiento en la gracia no es un conocimiento intelectual creciente ni una actividad infatigable; es una semejanza en creciente al Señor Jesús y el conocimiento significa familiarización con él por medio de la Palabra”. [2]

Una vida dependiente de Cristo 

La concordancia Strong dice que Gracia es “la influencia divina sobre el corazón y su reflejo en la vida”. [3]  Es decir, en la gracia el cristiano tiene una vida dependiente de Cristo. Incluso, “a veces la fe no es más que un sencillo apego a Cristo; un sentimiento de dependencia y de voluntad de vivir dependiente (…) Miles de almas del pueblo de Dios no tienen más fe que esta: acogerse de todo corazón a Jesús, y esto basta para su paz actual y para su seguridad eterna”. [4]

Pablo y Bernabé persuadieron a los que escucharon el evangelio “a que perseverasen en la gracia de Dios” (Hechos 13:43), haciendo de esta manera su voluntad. El apóstol Pablo mismo era un ejemplo en ello, pues cuanto más grande era el poder de Dios en él mayor era su dependencia y humildad. “Cristo ha de ser o bien todo o bien nada para el hombre. No le es aceptable ninguna confianza limitada ni ninguna adhesión parcial. El que es justificado por la gracia del Señor Jesucristo es un cristiano. El que trata de ser justificado por las obras de la ley no lo es”. [5]

Cuando Dios dice “No” 

Las respuestas “negativas” de Dios también tienen un propósito en la vida del cristiano: protegerlo del peligro, probarle, ayudarle a madurar, hacerle apto para el ministerio. Incluso Pablo, ejemplo de fidelidad, tuvo que aceptar la negativa divina en más de una ocasión, entendiendo que aun sus sufrimientos tenían un propósito en los planes de Dios: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:7-9a) 

Imagen: Desmotivaciones
No siempre el Señor responde del mismo modo todo el tiempo. Quizás ahora puede decir “sí” y  mañana puede decir “no”. Incluso, algunas veces habrá silencios. A veces tendremos que aguardar un largo tiempo antes de recibir alguna respuesta. En el capítulo 16 del libro de Hechos Dios dijo “no” cuando Pablo y su equipo misionero se dispusieron a ir a determinada región a anunciar el evangelio. “Intentaron ir a Bitinia pero el Espíritu no se lo permitió” (16:7,b). Dios cambió sus planes enviándolos a otras ciudades donde a pesar de la oposición de algunos muchos otros obedecieron al evangelio formándose así iglesias en los llamados “campos blancos” y haciendo milagros por el poder de Dios. 
Como ha dicho Karl Barth: “Vivir de la Gracia por la Gracia quiere decir depender enteramente de la realidad de la cual el cristiano pretende vivir, aunque sea problemáticamente (…) Hemos dicho depender de esa realidad, depender de la Gracia. Esto significa que Dios, más allá de todo invento humano, más allá de todo lo que el hombre puede pensar, querer o hacer en el ámbito de su religión, incluida la religión de la Gracia, y sin que tenga mérito o capacidad para ganar nada, es Dios, decimos, el que obra entre los hombres como el Dios de la Gracia, despierta en ellos su pensar, querer, y hacer benévolamente y no falla en sus promesas”. [6]

Es necesario entonces que sepamos que dentro de su gracia, Dios algunas veces va a cambiar los planes que usted se había trazado por causa de un bien mayor, aunque esto le genere dolor y confusión en ese momento. ¡Qué reconfortantes suenan las palabras de Jesús a los oídos de un desconcertado Pedro!: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan 13:7). Le animamos a seguir confiando en Dios y en sus promesas, Él jamás le defraudará.

Conclusión 

Siendo pues la Gracia el favor inmerecido de Dios nadie puede pensar que es digno merecedor de ella. Dios la da bondadosamente como él quiere y a quien quiere. Lo cierto es que desde el momento en que decidimos seguir a Jesús ya disfrutamos de esa maravillosa gracia. Cuidemos pues de no abusar de la bondad y paciencia de nuestro Señor y mostrémosle nuestra gratitud viviendo una vida a su servicio. 
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Notas pie de Página

[1] Vila & Escuain. Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado. Barcelona: CLIE, 1985, p. 438.
[2]  William MacDonald.  Comentario al Nuevo Testamento. Barcelona: CLIE, 1995, p. 1325.
[3] James Strong. Nueva Concordancia Strong Exhaustiva. Nashville, TN: Caribe, 2002.
[4] C.H. Spurgeon. Todo de gracia. Chicago: The Moody Press: Chicago, p. 53.
[5] C. Hogg & W. Vine. Epistle Of Paul The Apostle To The Galatians. Glasgow: Pickering, 1922, p. 241.
[6] Karl Barth. La revelación como abolición de la religión. Madrid: Marova - Fontanella, 1972, p. 169.


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Himno: Sublime Gracia
Fuente: ASDCristiano

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