1 de abril de 2025

LA PIEDAD CRISTIANA

 

    EL APÓSTOL PABLO ESCRIBE al pastor Timoteo: “Ejercítate (gýmnaze) para la piedad (eusébeian); porque el ejercicio corporal (somatiké gimnasía) para poco es provechoso, pero la piedad (eusébeian) para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida (zoes) presente, y de la venidera.” (1 Tim 4:7-8). Estas palabras, en la prédica popular, generalmente han denigrado el ejercicio físico. Se ha dicho que la gimnasia física-corporal es una pérdida de tiempo, algo inútil, etc. Y con ello se ha menospreciado el cuerpo de forma consciente o inconsciente. Pero Pablo nunca ha dicho tal cosa. Si hace la comparación con la gimnasia de la piedad es porque la eusébeian, para Pablo, es un valor espiritual que Timoteo y la iglesia deben aprender. De ahí que la mencione varias veces en su carta.

    Muchas veces se ha olvidado que Timoteo servía en Éfeso, una ciudad del Asia Menor donde la cultura greco-romana predominaba y en la cual las competencias atléticas eran muy valoradas. Es probable que algunos miembros de la iglesia le hayan dado una importancia exagerada a la gimnasia en detrimento de la piedad (eusébeian). “El ejercicio corporal aquí está en contraste con el ejercicio de la piedad. (…) El autor [Pablo] hace hincapié en el aprecio por el ejercicio corporal; si éste es una cosa buena, mucho más es el ejercicio de la virtud de la piedad. Una sensibilidad religiosa que busca la voluntad de Dios en todas las cosas es de gran valor porque incluye no solo los valores de este mundo, sino también los de la «vida futura».” (Martin, 2007, pág. 1020).

    Ahora, quien se ejercita en lo corporal sabe de disciplina y rigores. Me pregunto ¿Y cómo es con la gimnasia de la piedad? (Pues nadie consigue ser un cristiano piadoso de la noche a la mañana). “Este pasaje nos apremia a ser disciplinados. Esto está implicado en la comparación de la piedad con el ejercicio físico. La piedad no es pasiva sino activa. Así como el ejercicio físico desarrolla el cuerpo y la gimnasia aeróbica mejoran la función del corazón, un andar piadoso tiene sus efectos benéficos en el carácter.” (Liefeld, 2015, pág. 160). Pero para dicho andar / vivir (1 Tim 3:15-16) es necesaria la oración (2:1-2), el ser ejemplo de los creyentes (4:12), el acompañamiento de la justicia, la fe, el amor, la perseverancia, la mansedumbre (6:11), y la enseñanza y la obediencia de la Palabra (4:13; 6:14). ¡Tremendo desafío que nos dejó Pablo!

Notas Bibliográficas:

Liefeld, Walter. (2015). 1 y 2 Timoteo, Tito. Miami, FL.: Vida.

Martin, Seán. (2007). Primera carta a Timoteo, A. Levoratti, edit. Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Navarra: Verbo Divino.

11 de febrero de 2025

AMISTAD, DIVINO TESORO

Por: Martín Ocaña

 Concordaremos en que la amistad -siguiendo la clásica definición del diccionario- es el afecto personal y desinteresado que se comparte con otra(s) persona(s), y que se fortalece mediante el continuo trato, es decir en el marco de las relaciones personales. Está implícito que el afecto debe ser recíproco (Proverbios 18:24), lo que nos habla de lo que es sustantivo: el mutuo conocimiento el cual es raíz de toda confianza y amistad. ¿Cómo se podría tener amistad y confianza con una persona a la que apenas se conoce?

    La Biblia dice bastante sobre la amistad. Abraham era amigo de Dios, pero ciertamente hubo amistades notables. Una joven viuda logra la amistad de su suegra (también viuda). Juntas se apoyan y logran vencer las adversidades. Ellas son Rut y Noemí. Dos jóvenes se conocen, uno llega a ser admirado por una proeza militar, y el otro es el hijo del rey. Su amistad sobrepasa todo obstáculo. Son David y Jonatán. Según el evangelio de Lucas, Jesús era amigo de Lázaro, Marta y María (Juan 11:5). Y Jesús considera a sus discípulos como sus amigos (Juan 15:14), pero quiere que obedeciéndole lleven mucho fruto (Juan 15:15-16).

    “La llamada de Jesús a sus discípulos -que es igualmente nuestra vocación cristiana- es una llamada a la amistad. Con dos características: primero, Jesús toma la iniciativa; él quiere hacerse nuestro amigo y seducirnos con su amistad (…). Segundo, su llamada a la amistad es progresiva, se va renovando más y más intensamente durante el transcurso de su relación con los apóstoles, lo cual es igualmente un símbolo de nuestra propia vida cristiana, donde la amistad con Dios se hace progresivamente exigente.” (Segundo Galilea. LA AMISTAD DE DIOS. EL CRISTIANISMO COMO AMISTAD. Madrid: Ediciones Paulinas, 1987, pág. 23).

Leí acerca del valor de la amistad en el ministerio de Martin Lutero. ¿Qué habría sido de la Reforma sin los amigos que confiaron en él, que lo protegieron, que lo ayudaron a expandir el mensaje renovador, y que, además, lo financiaron? Algo similar ocurre hoy con la iglesia y sus ministerios en dirección al Reino de Dios. La amistad permite trabajar juntos con la confianza en que la obra de Dios será hecha y progresará. ¿Qué se opone a la amistad? El egoísmo, el ensimismamiento, a veces la soberbia. Por lo mismo, en la comunidad cristiana procuremos ser amigos de Dios y amigos-hermanos. 


22 de enero de 2025

"LOS FUNDAMENTALISMOS ANTE JESÚS"

Por: Martín Ocaña Flores

Los fundamentalistas de estos lares no dejan de sorprendernos. Tienen respuesta y explicaciones para todo, incluso para preguntas que no les han hecho o acontecimientos que aún no han sucedido. Para cada atropello en Gaza (y luego en el Líbano y otros lugares más de por allí) siempre hay muchos versículos del Antiguo Testamento (pésimamente interpretados) con los que justifican tales masacres. “Dios pelea por su pueblo”, añaden. “El reloj de Dios”, sí, claro. Pero ahora han ampliado el panorama. Los incendios en Los Ángeles son parte del juicio de Dios a los gringos soberbios y blasfemos. Hasta citan 2 Pedro 3:7 para explicar lo que pasa por allá. Lo peor es que hay quienes les creen.

    En lo personal preferiría que se interpretara teológicamente lo que pasa por acá, pero no con lecturas falsas y fanáticas de la Biblia. Debo recordar, de pasada, que ni Israel ni Estados Unidos son “el todo” o “lo único” a mirar. En setiembre pasado en veinte regiones del Perú hubo grandes incendios, pero no recuerdo a ningún fundamentalista interpretando lo acontecido. Ya ni mencionar a las decenas de muertos -en diciembre del 2022 y enero del 2023- cuya sangre sigue clamando al cielo por justicia y que nadie hace caso. ¿Es que sólo hay “profecías” para Israel y Estados Unidos? ¿Es que no hay un mensaje de Dios para nosotros, acá en el Perú? 

    El filósofo Emmanuel Levinas en 1976 escribió: “Las guerras mundiales -y locales-, el nacional-socialismo, el estalinismo -y aún la desestalinización-, los campos de concentración, las cámaras de gas, los arsenales nucleares, el terrorismo y el desempleo, son demasiado para una sola generación que ha sido mucho más que su testigo.” (Los imprevistos de la historia. Salamanca: Sígueme, 2006, p. 9). Efectivamente, es así, pero ¿El lawfare, es decir la instrumentalización de la justicia para perseguir “legalmente” a los opositores, los diversos crímenes desde los poderes, el deterioro casi irreversible de la democracia, la destrucción del ecosistema, etc., no son también demasiado para nuestra generación?

    En un debate de Jesús sucedió lo siguiente: “Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡más las señales de los tiempos no podéis! (Mateo 16:1-3). ¡Qué lenguaje el del Señor Jesús! ¡No se intimidó ante los representantes del poder religioso y político! Pero el leer los signos de los tiempos -como sabemos- no es un mero ejercicio académico, siempre es una invitación a actuar desde el compromiso con el Reino de Dios.


18 de diciembre de 2024

EL NACIMIENTO DE JESÚS

Por: Martín Ocaña Flores

    EL NACIMIENTO DE JESÚS, a diferencia de su muerte, se cuenta en sólo dos de los cuatro evangelios canónicos. Eso no lo hace un acontecimiento “menos importante”. Mateo y Lucas nos dan suficientes datos acerca de lo previo al nacimiento, pero también nos cuentan con dramatismo cómo fue que Jesús vino al mundo, así como lo que sucedió posteriormente. María, la joven campesina, comprometida en matrimonio con José, fue la elegida por Dios para ser madre del que iba a ser el Salvador, el Mesías. Quedó embarazada por acción del Espíritu y, definitivamente, el embarazo provocó una gran crisis en Nazaret -un pequeño poblado de Galilea- y particularmente en José quien pensó abandonarla. Dios impidió eso, envió a su ángel y le hizo saber su plan. José, el varón justo, aceptó el mensaje y tomó a María como esposa (Mat 1:24). 


    Alrededor de este acontecimiento hubo otros hechos que registran Mateo y Marcos. Elizabet, siendo de edad avanzada, llegó a embarazarse del que sería el profeta Juan. Y es que “para Dios no hay nada imposible” (Luc 1:37). Hubo un censo que hizo que la población se movilizara, incluyendo a José (con María embarazada) quienes llegaron a Belén (Luc 2:4). No hallarían un lugar donde alojarse, Jesús nacería en un establo y sería puesto en un pesebre, cubierto con telas (Luc 2:7). El ángel del Señor se apareció a los humildes pastores haciéndoles saber del nacimiento del Mesías (Luc 2:11). Pero también hubo una estrella que orientó a los sabios extranjeros anunciándoles el nacimiento del Rey (Mat 2:2). Éstos buscaron a Herodes quien posteriormente ordenaría una matanza de niños en Belén (Mat 2:16), pero Dios salvó a Jesús (Mat 2:13).

    Todo en torno al nacimiento de Jesús nos recuerda el plan de Dios. Había un Kairós determinado (Gal 4:4). Pero una cosa es conocer dicho plan y otra experimentar el sufrimiento concreto de Jesús, María y José. Se vieron cosas milagrosas en torno al nacimiento del Mesías, pero también lo peor del poder político. Los tiranos, cuando ven su trono en peligro, muchas veces actúan con extrema crueldad. La vida de los niños pobres nunca importa (como tampoco de sus padres y madres, que de seguro murieron defendiendo a sus hijos). Hoy, en estos días, pocos son los que recuerdan estos acontecimientos en torno al nacimiento de Jesús. El Salvador ha sido suplantado (por Santa Claus y otros íconos contemporáneos), cuando no vaciado de contenido redentor. Nos toca a los cristianos a hacerlo visible y a proclamarlo.

Pastor: Martín Ocaña Flores

18 de agosto de 2024

LA EFICACIA DE LA FE

La expresión del apóstol Pablo “tu fe sea eficaz” en la carta a Filemón (v. 6), capta lo realmente significativo: la fe tiene eficacia cuando obra amor y justicia. Efectivamente, para Pablo el amor y la fe son imprescindibles en el testimonio cristiano, y ambos deben expresarse en el plano horizontal de la comunión cristiana. Ahora, esto será posible sólo si en la iglesia todos se ven como “hermanos”. No sorprende, por eso, que Pablo de forma intencionada repita una y otra vez la palabra “hermana”, “hermano” (Fil. vv. 1, 2, 7, 16, 20)

El contenido de la carta a Filemón es bien conocido: Pablo, quien está preso por causa del evangelio en Éfeso, recibe la visita de Onésimo -el esclavo de Filemón, ubicado en Colosas- quien perdió un dinero en una transacción económica para su amo. Sabiendo que Pablo era amigo de Filemón lo visitó en la cárcel para que interceda por él -dado que podía ser castigado severamente-, pero sucedió algo que cambió todo: Onésimo se convirtió a Cristo por la palabra de Pablo (Fil. v. 10).

Pablo entonces pide a Filemón -ante Apia, Arquipo y la iglesia, Fil. vv. 1, 2- que reciba a Onésimo como “hermano amado” (Fil. v. 16). Pero le pide que lo haga no por obligación (Fil. v. 14). Además, le dice que él pagaría toda deuda de Onésimo (Fil. v. 19). El tema ciertamente no es algo “privado” que sólo interesa a Filemón, en realidad concierne a la iglesia. Claro, Pablo quiere desafiar a toda la iglesia -y no sólo a Filemón- a ver como “hermanos amados” a los que no son vistos como “iguales” en la sociedad (los esclavos eran mercancía, propiedad del amo).

¿Qué nos dice a nosotros esta carta? Que nuestra fe busque eficacia, lo cual se verá cuando comencemos a tratar a todos como “iguales”, como “hermanos amados”, particularmente a aquellos que la sociedad -de forma injusta con sus leyes- trata a algunas personas como si no lo fueran, quitándole derechos y sujetándolos al capricho de los amos. ¿La meta? Una iglesia donde todos se ven como “hermanos” y “hermanas”, por encima de los títulos o reconocimientos que la sociedad otorga. La iglesia tiene que ser, aun en eso, señal del Reino de Dios.

Pastor: MARTÍN OCAÑA FLORES